La promulgación de la Constitución de 1812 (1911-1912), de Salvador Viniegra
Hoy es día de celebración, porque es el ducentésimo aniversario de la tercera Constitución Liberal del mundo, nuestra Constitución de 1812. La llamada popularmente (hoy)
La Pepa porque sepromulgó tal día de san José hace doscientos años, paradójicamente con salvas de honor de los franceses que asediaban Cádiz por el santo de su rey José Bonaparte.
Un avance, sí, pero no una norma progresista (o de izquierdas como se entiende hoy esa palabra) ni innovadora. Además, nuestra
Pepa no se llamó así al principio, sino que los liberales (quienes la sacaron adelante frente al partido
absolutista), la llamaron al principio
La Niña mientras que los conservadores, con la sorna y el gracejo propio de los andaluces, al año comenzaron a llamarla como la llamamos hoy... ya que su aplicación era tal sindiós que decían "¡Viva La Pepa!" de una forma similar a lo que entendemos hoy cuando no nos referimos a esta norma fundamental. O sea, para reírse de ella junto al "¡Vivan las
caenas!"
O sea, que el
cashondeo, el
Viva la Virgen y demás, era lo que los aprovechados del Antiguo Régimen (que no olvidemos que nació en León con las Cortes de 1188 de Alfonso IX) querían definir de la Constitución de Cádiz... pero es que nos resulta tan gracioso que al final
La Niña se hizo mayor con ese nombre.
Más allá de esta anécdota, porque todos la conocemos al final así y no como se llamó al principio, parece sorprendente leyéndola que la gente de izquierda o progresista de hoy le dén tanto pábulo como si fuera una norma rompedora. No es así ni mucho menos. En primer lugar, sí es importante, importantísima: se rompe el Antiguo Régimen en España y se pretende acabar con el absolutismo. Y se hace al modo francés: con unas Cortes estamentales que, al estar sin rey durante la Guerra de la Independencia, se cortan la cabeza viendo la necesidad de mejorar la norma fundamental del Estado.
Ojo, se cortan la cabeza a base de tortas (y de verdad) entre absolutistas y liberales (que son prácticamente los mismos de hoy en día, salvando las distancias del tiempo), que si bien ven la necesidad de reunir todas las normas existentes en España para "constituir" una ley principal del Estado (de ahí viene el nombre "Constitución"), no tienen tan claro que a Fernando VII se le deba poner por debajo de las Cortes. Los regentes en aquellos días, que sustituían la figura monárquica, pusieron trabas y conspiraron contra esa idea con todas sus fuerzas, por ejemplo.
También se dice una de sus novedades es que apunta la "soberanía del pueblo" por encima de la del Rey. Bueno, es así, sí; pero nada nuevo bajo el sol. Miren ustedes el Fuero de León de Alfonso V (promulgado en 1017), en el cual los leoneses le dicen al monarca que pese a ser elegido por designio divino si no gobierna bien podrán prescindir de él. La eterna discusión de la Edad Media... quién gobierna: ¿El rey por designio divino o por designio popular? Esto se rompió con Carlos V (tras la guerra de los Comuneros), Felipe II y finalmente con el Rey Sol Luis XIV de Francia). O sea, que no es más que la expresión final de lo que se había dicho casi ochocientos años antes.
Más bien una norma conservadora
Y si nos ponemos a leer
La Pepa vemos claramente que no tenía gran espíritu en cambiar las cosas en lo social. El artículo 12 (el primero del Capítulo II "de La Religión") reza: "La religión de la Nación Española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra". Tela.
En lo político, en teoría todos los ciudadanos considerados españoles podían votar... pero de forma indirecta (más o menos como se eligen los diputados provinciales hoy en día). Primero la junta del pueblo debía ir a "misa solemne de Espíritu Santo por el cura párroco, que hará un discurso correspondiente a las circunstancias" (art. 47) y luego reunirse para votar sus correspondientes compromisarios (art. 48). Ojo, si hubiera disputas, en el artículo 50 se indica: "Si se suscitasen dudas sobre si en alguno de los presentes concurren las calidades requeridas para poder votar, la misma junta decidirá en el acto lo que le parezca; y lo que decidiere se ejecutará sin recurso alguno por esta vez y para solo este efecto". Vamos, que cacicada al canto si se quisiera y sólo votarían los afines a los munícipes. Y los elegidos se proclamarían con un
Te Deum. Y así paso por paso para ir a la elección provincial del diputado (por cada 70.000 habitantes, uno). Súper progresista, como vemos.
Finalmente este sistema lo que hacía es que sólo los ricos pudieran ser elegibles a diputados en Cortes y que fueran los que en realidad votaran. No es un sistema censitario, como las de 1837 (también "progresista" liberal), 1845 (conservadora), la liberal no nata de 1859 y la de 1876 hasta 1890. Desde luego de izquierdas no era, no. Vamos, que de los 384 artículos que tiene
La Pepa, nada menos que 140 son de cómo se eligen a los diputados en Cortes.
Pero no 'ultramontana' (ni innovadora)
Eso sí tampoco es una norma
ultramontana, porque los liberales se encargaron de relajar un poco las ideas de los absolutistas y porque rompe con el Antiguo Régimen, que es lo verdaderamente interesante de
La Niña. No es una norma progresista sólo por su exagerado número de artículos (cuantos menos tenga una Constitución más abierta es, la nuestra de 1978 tiene 169 y
La Pepa tiene 384), lo que indica las ganas de tener todo "controlado" por parte de los diputados.
No es innovadora, aunque sea la tercera norma liberal de un Estado de la historia (eliminemos los cambios franceses y los Estatutos Napoleónicos, incluido el de Bayona, porque este no procede de unas Cortes libres), porque la verdad es que los americanos la hicieron casi 25 años antes (septiembre de 1787, curiosamente basada en los derechos fundamentales del Fuero de León, como decía Hamilton) y los franceses casi 21 (septiembre de 1791). La cuarta es, curiosamente, la de Haití de 1816 (qué cosas). Así que como con las Nuevas Tecnologías de hoy en día (que tienen más de 30 años)... de innovadoras nada.
Pero sí cambia las cosas
Pero todo esto no implica que no cambiara las cosas. Claro que sí. Primero puso en liza el concepto político de "Las dos Españas", la peninsular y la de ultramar; aunque esta última durara poco a lo grande porque en 1824 habíamos perdido América, copiando los criollos el "efecto Cádiz".
Luego le da una estocada a la Inquisición, al indicar que los Juzgados serán los que tengan exclusividad para juzgar por lo civil y criminal (poniendo las bases para crear los Códigos Civil y Penal de hoy; por cierto, al estilo napoleónico). Aunque las Cortes de Cádiz votaron su abolición, no fue hasta 1834 cuando se hizo efectiva esta cuestión. También impone el
habeas corpus, teniendo que ser el criminal presentado al juez antes de 24 horas. Las milicias nacionales (un sistema previo voluntario que luego derivaría de forma extraña en la Guardia Civil). La creación de las diputaciones provinciales como tales, y la cesión de competencias políticas a éstas y los ayuntamientos. Y varias cosas más acordes con los tiempos y que ya se venían haciendo, pero bien legisladas.
Eso sí, se publicó convenientemente en todos los idiomas posibles (francés, inglés, alemán, italiano) y fue la que eligieron muchos pueblos (sobre todo los americanos) para copiarla en sus procesos liberales. Los italianos también en la década de 1820, los decembristas rusos en 1825 y los pueblos alemanes en las revoluciones de 1830. No estuvo mal su influencia, no.
¿Y cómo se aplicó?
Pues
La Niña/La Pepa tuvo mala vida. En 1814, cuando volvió Fernando VII
El Deseado (que ya era experto en liarlas, como hizo contra Godoy y su padre en el motín de Aranjuez), no hizo caso a las Cortes que le ordenaron ir a Madrid y fue a Barcelona y Valencia. Allí consiguió apoyo (pagando a los alborotadores, seguro) y la gente salió al grito de "¡Vivan las
caenas!" (cadenas). Los liberales tuvieron que salir corriendo.
En 1820 el general Riego (sí, el del himno de la República), que se iba a las Américas con tres mil soldados, se levantó contra el absolutismo. Así que obligaron al Rey Fernando a jurarla y la Constitución estuvo vigente tres añitos durante el Trienio Liberal (en el que nuestro paisano Felipe Sierra-Pambley fue Secretario de Estado de Hacienda, les recomiendo ir a ver a
La Pepa en la Fundación de su apellido este jueves 22 y el 29 a las 19:00 horas).
Fusilamiento de Torrijos y compañeros en la playa de Málaga (1888), de Antonio Gisbert Pérez
Pero luego otra vez el ya pérfido y felón Rey Borbón, hizo entrar a los Cien Mil Hijos de San Luis y se la cargó. Esta vez muchos más liberales salieron corriendo y más aún murieron fusilados. Seguro que recuerdan el cuadro que los honra (aquí arriba),
El fusilamiento de Torrijos.
Su último canto del cisne fue entre 1836 y 1837, mientras el gobierno liberal preparó la Constitución Progresista de ese último año. Y a partir de ahí, el mito.
Mucha gente de izquierdas hoy (los socialistas, que se llaman progresistas), le da un pábulo mítico de cambio, de ir contra los curas, de ser libertaria, o de ser la precursora de la Constitución Republicana de 1931. Pero visto lo visto, ni mucho menos. Pablo Iglesias se revolvería en la tumba si escuchara esto (luchó contra estas normas liberales) y, de tener precursora la constitución republicana del siglo XX sería la no nata de 1873 de la Primera República. Además, los liberales de hoy en día son religiosos y buscan la riqueza, casi como los del siglo XIX... todo lo contrario al socialismo. Así que un poco de conocimiento sobre ella no les vendría mal.
Una cosa es que la Constitución de 1812 fuera un hito, que lo fue (y enorme). Y otra cosa muy distinta es hacer de ella el paradigma de la progresía. Lo que sí tiene es que es el comienzo de la democracia occidental en España. Eso sin duda. Pongamos las cosas en su lugar. Y como ya hoy es tradición, vitoreemos a
La Niña con el grito ya simpático de "¡Viva La Pepa!".
Más información (y documentos):